El exterior apagado de esta imponente sala, ubicada en la mole impersonal de Chamartín y otrora conocida por ser el epicentro más pijo de Madrid, no se identificaba con lo que había dentro: más de mil personas esperando con ilusión la salida al escenario de Kane y los suyos. Cumpliendo con la genética, el quinteto salió puntual sobre un escenario libre de decoración -obviando la catetada del vinilo de leopardo en amplis, teclado y batería- y la gran pantalla trasera que no se aprovechó para creatividades ni vídeos que acompañasen el setlist, simplemente, el nombre de Miles Kane -al que le sumamos un divertido despiste del técnico metiendo la clave de su perfil en el portátil-.
Anoche, como decía, presenciamos la cita más numerosa que el inglés tenía en suelo español dentro de su gira organizada por Last Tour, en la que vino a presentar su sexto álbum de estudio, 'Sunlight In The Shadows', aunque realmente se trató de una cita sostenida en la nostalgia y la pura inercia del rock&roll encarnado por los geniales riffs de Miles Kane.
Su discografía algo desigual se materializó en un repertorio con altibajos, pero que, en líneas generales, obtuvo una implicación constante por parte del respetable, quizás sumido en una celebración colectiva enfocada en la memoria indie de principios de la década pasada.
Como decía, sin necesidad de grandes artificios, Kane apostó por un formato directo, apoyado en una banda sólida y en un setlist que arrancó con 'Electric Flower' y 'Rearrange'. El directo avanzó intercalando temas de sus seis álbumes: 'Troubled Son', 'Cry On My Guitar', 'Without You', 'Love Is Cruel' e 'Inhaler', confiada esta última en la inmediatez de su estribillo y la más celebrada hasta el momento.
Con temas como 'Telepathy' o 'I Pray' hubo sensación de cierto relleno, pero estas sensaciones se diluían con la llegada de cortes como 'Colour of the Trap' (que funcionó como auténtico anclaje generacional y nos transportó a su versión más melódica de The Last Shadow Puppets) o 'Coup de Grace', que en su versión extendida nos arrastró a todos hacia la euforia. Antes de llegar a los bises, Kane se despidió con 'Never Taking Me Alive' y la pieza central del concierto: 'Don't Forget Who You Are'. Este tema, celebradísimo y sin necesidad de artificios para brillar, hizo que la sala corease durante minutos esos nostálgicos 'la la la, la la la la la, la la la la, don't forget who you are' hasta la vuelta de Kane al escenario. Impactado y emocionado, volvió al riff de este corte para repetir, ahora con música, los coros del respetable.

.jpg)
.jpg)
.jpg)